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Tuesday 7 april 2009 2 07 /04 /Abr /2009 00:39




Lo que tengo claro después de esta estupenda tarde de abril en Madrid, es que quiero estar sano. Esta tarde me he dirigido a mi jodida resonancia magnética. Todo ello por no estirar o calentar los músculos antes de un partido de tenis, y después de vagar con mi pierna "tocada" durante los dos últimos meses. 

Después del espacio abierto, después de las charlas de los amigos al aire libre, después de la sensación de bienestar que es vivir con todo en orden, te metes en los putos centros hospitalarios.

Tienen la especial habilidad de removerme el estómago. Con ese olor a enfermedad constantemente combatida con fuertes productos de limpieza. Las colas para entregar papeles, volantes, permisos. Gente dolorida, triste o nerviosa que va saturando el ambiente de tensión y de nervios. Sus mostradorcitos, su silencio, sus colores cremas sucios, el excesivo calor que siempre hace dentro.

Vuelvo a un centro de ASISA, siguiendo con mi historia de mi rotura de fibras. UNA ROTURA DE FIBRAS CON ASISA .

Antes de entrar al tubo, me obligan a depositar en una taquilla todos mis objetos personales metálicos. Me siento como en un campo de concentración nazi. Te sientes impotente y obedeces ante la autoridad que te impone aquel que conoce tu destino. Antes de deshacerme de mi móvil, consigo hacer una foto de la escalera que me llevará a la camára de gaseo. 

El tubo es imponente. te vienen a la cabeza escenas de películas de ciencia ficción. Teletransporte, descomposición de la materia, viajes astrales, sueños cósmicos.... Me dejan en calzoncillos, me ponen una batilla azul añil que se cierra a la espalda, te atan los pies con esparadrapo, te dicen que no te muevas y te introducen en esa especie de tumba metálica. 

Antes de irse te dan una especie de alcachofa que debes de pulsar si algo va mal. A todo el mundo, a todos, estoy seguro que se les pasa por la cabeza esas historias de los enterrados vivos, y las tapas de los ataudes arañadas por la locura de querer escapar. 

El técnico me ha dicho que aquello va a durar media hora. ¡Joder!, media hora, pero ¿que es esto de la resonancia magnética? Me tranquiliza, me adelanta los ruidos, los zumbidos, y que todo ello es normal, y me dice que me esté lo más quieto posible. 

Comienza el espectáculo. Cierro los ojos y comienzan los putos ruidos. Una resonancia magnética, además de exigir un autocontrol que te cagas, o al menos a mi me lo ha exigido, es como tumbarse al lado de uno de esos altavoces que llevan los músicos que tocan la trompeta y los acordeones en el metro (chunda, chunda, chunda, chunda......), en tu oido derecho. En el oido izquierdo te colocan una taladradora hidraúlica de obra (Pum, pum, pum, pum, pum.......). 

Pasan los minutos. Trato de realajarme. pienso en mi chica, de la que no se nada desde el sábado al mediodia. Pienso en mi hijo, en cosas del trabajo, invento una historia eròtica, pienso en contar esta experiencia..¡no! eso no, que me concentraré en la situación y acabo obsesionándome.......... En mi chica de nuevo, en problemas y como resolverlos, trato de dormirme, atontilarme, perder la conciencia.......... Siguen los golpes, paran, sonidos metálicos como cuando un avión saca el tren de aterrizaje............Vuelven los ruidos, la camilla pega un brinco, abro los ojos, paseo la mirada por la semioscuridad. los vuelvo a cerrar. .............Vuelve mi chica, mi hijo, el trabajo, los ruidos. me pica una pierna. Si me concentro en ello me acabrá picando de verdad. muevo un dedo, sólo uno. Pasan los minutos.............. Siguen los ruidos, me empieza a doler la cabeza. Pienso en las radiaciones, en qué efectos tendran sobre mi carne. Trato de sentir los efectos nucleares en mi cuerpo. No me muevo, si bien antes descansaba ahora  me tenso para no moverme. .............Pasan los minutos, siguen los ruidos. De pronto me viene a la cabeza las pelis en que alguien es encerrado y pasado un tiempo pierde la noción del tiempo. .......................Ignoro si llevo aquí diez o veintitres minutos ya. La mano derecha se duerme con la alcachofa agarrada, la muevo ligeramente. Siguen los ruidos. Aquello me empieza a agobiar. ..............Siento que tengo ganas de mear. No,  ahora no. Trato de erradicar esa idea de mi cerebro, pero empiezo a sentir mi vejiga hinchada. ..............Siguen los ruidos, Mis piernas juntas y sujetas por los tobillos sudan. Vuelve el picor. Siguen los ruidos........... Resoplo, vuelven los picores. En la base de la espalda tengo un tirón. Me curvo y mi espalda, en su base, deja de estar apoyada en la camilla. La controlo, controlo el tendón, imperceptiblemente lo doblego y mi espalda vuelve a reposar en la plancha metálica................. Pasan los minutos, vuelvo a tratar de dormirme. Siguen los golpes, aburridos, constantes. Mis ganas de mear van en aumento................ El cuerpo empieza a dolerme, y aquello me parece insoportable. Me empiezo a derrumbar. ............................Por mi cabeza empieza a pasar la idea de pulsar la alcachofa. La siento, mi mano esta entumecida agarrándola con fuerza. En mi cerebro, poco a poco,  va ganando fuerza la idea de renunciar a aquello.................. Siguen los ruidos. Las ganas de mear ya son patentes.  ¿Cuántos minutos han pasado? ¿alguien controla como estoy? Los ruios machacan mi cerebro, noto como el dolor va tomando forma en mi cerebro. Todo metálico. Trato de relajarme............. Me meo, mi cuerpo me duele, no aguanto más. Nuevo resoplido, me impaciento.Siento miedo. Esto se acabó, no aguanto más. Con violencia la puerta se abre y aparece el operario. ¡Dios! quiero salir de alli. 

Me visto, voy a mear. Estoy meando largo tiempo. hacia mucho tiempo que no sentía el placer de mear que siento en ese momento. Me siento libre. Mear en libertad. Me despido de aquel centro. 



Tarde maravillosa en Madrid. Tarde tormentosa. Doy un largo paseo fumando un pitillo. Pienso en la gente con enfermedades duras, en gente sometida a tratamientos escalofriantes. Admiro su fuerza para enfrentarse a ellos. Creo que yo tiraría la toalla, renunciaría. Quiero vivir tranquilo, sano, quiero morir tranquilo, sin luchar contra mi muerte. 
Por Fausto Lipomedes - Publicado en: Cosas de todos los días
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